suspenso

La búsqueda

La estrella cayó como un rayo cae del cielo. Nos miramos, y como si nos hubiéramos leído la mente, supimos cuál iba ser nuestro próximo juego. Teníamos que encontrarla.

—¡El que la encuentra primero, se queda con ella! —gritó Andrea, mientras salía corriendo para adentrarse en el bosque.
—¡Esperame! ¡Vamos juntos! —dije, pero ya era tarde. Andrea se iba perdiendo, como una serpiente, entre los densos árboles que lindaban la playa. Empecé a correr. La estrella había dejado señales de su caída en el cielo, un fino trazo de nube apuntaba que no debía estar lejos de donde estábamos nosotros.

Nunca habíamos ido al bosque, pero esa vez no dudamos. Los árboles retorcidos, con sus ramas indecisas, eran como guardianes de los secretos de la naturaleza, muy cerca unos de otros; era difícil correr en línea recta. Ya había perdido de vista a Andrea, cada día confirmaba más lo rápida que era, a pesar de su enfermedad de los huesos. Desde que la conozco tenía ese problema, su familia había buscado todo tratamiento posible, hasta con curanderos espirituales, pero nada. Andrea sufría, por las noches le costaba dormir, decía que era como si sus huesos quisieran escapar de su cuerpo. (más…)

Lejos de casa

Por un momento olvidé lo que iba hacer al salir al infinito espacio. La vista deslumbrante del planeta que llamamos casa, me dejo atónito. Tan brillante, de colores serenos, aglomeraciones de ciudades brillantes, vastos océanos, ríos que parecían las propias arterias de la Tierra, y cordilleras que partían continentes enteros. Visto desde afuera de la estación, era distinto: de un lado la Tierra, del otro lado, un vacío sepulcral, rodeado de la inmensidad oscura del espacio. La llamada de Kustrov me alertó:

–¡Alej! ¡Te estas apartando mucho de la estación!

Por suerte seguía atado por el cordón umbilical a la estación. Utilicé los mandos que manejaban los propulsores de aire, y me acerqué despacio a donde estaba mi objetivo. Tenía que actualizar el programa del módulo XT-82, éste era el responsable del monitoreo y control de la presión de la atmosfera artificial de la estación. Una tarea cautelosa, estaba previsto que tardara cuatro horas en realizarla. Apoyé mis manos donde se encontraba el módulo, y fui sacando, uno a uno, los grandes tornillos que lo sujetaban. Saqué solo un poco el dispositivo para revelar el conector a mi computadora táctil, que llevaba sujeta a mi antebrazo izquierdo. Enchufé el sistema, y ahora solo había que esperar que el cambio de se efectúe, controlando que no surgiera ningún error. El más mínimo incidente podía matar a Kustrov, ya que la falta de una atmosfera amigable le haría hervir la sangre, la presión se encargaría que exploten sus pulmones, una muerte dolorosa en extremo: de adentro hacia fuera. (más…)