realismo

Simulacro de satisfacción

Después de subir la foto del café gourmet que encontró en internet, y, recibir a cambio una lluvia de corazones virtuales que la hicieron sonreír por un instante, Flavia siguió trabajando en la planilla de Excel que la mantendría ocupada hasta el mediodía.

Su vida nada de glamour tenía, pero su identidad en línea era digna de celebridad de Hollywood. Satisfacía los estándares de una sociedad obsesionada con realidades alternas. Flavia pasaba los días ideando y creando fotos perfectas, pasajera de una vida que no le pertenecía. Había gastado todos sus ahorros en el último iPhone. Estaba alimentando un monstruo, y ella sabía lo que hacía: un intercambio entre placer inmediato, y un vacío que la gente tras la pantalla suponía llenar con admiración exaltada. (más…)