microcuento

Simulacro de satisfacción

Después de subir la foto del café gourmet que encontró en internet, y, recibir a cambio una lluvia de corazones virtuales que la hicieron sonreír por un instante, Flavia siguió trabajando en la planilla de Excel que la mantendría ocupada hasta el mediodía.

Su vida nada de glamour tenía, pero su identidad en línea era digna de celebridad de Hollywood. Satisfacía los estándares de una sociedad obsesionada con realidades alternas. Flavia pasaba los días ideando y creando fotos perfectas, pasajera de una vida que no le pertenecía. Había gastado todos sus ahorros en el último iPhone. Estaba alimentando un monstruo, y ella sabía lo que hacía: un intercambio entre placer inmediato, y un vacío que la gente tras la pantalla suponía llenar con admiración exaltada. (más…)

Ignominia: caso número 3

Mi patrón había llegado borracho. Yo estaba en la cocina terminando de lavar los platos de la cena. Escuché la puerta y sus pasos torpes, su respiración pesada. Cerré la canilla, apagué la luz. Me fui rápido a mi cuarto y me acosté tratando de hacer el menor ruido posible. Recé para que no sea necesario hacerlo. Al rato escuché que tocó la puerta despacito, como si eso fuera señal de no estar buscando problemas. Esperó casi un minuto y tocó dos veces más la puerta, fuerte. Saqué con miedo el puñal que escondía debajo del colchón. Me temblaba la mano. «María», escuché. «¡¡María!!», gritó. Abrió la puerta y empezó a sacarse el cinturón. Antes que pudiera tirarse arriba mío me levanté y le clavé el cuchillo en las costillas, una vez, dos veces, y una vez más en la panza mientras lo miraba a los ojos, para que se acuerde bien de mí. Agarré las pocas cosas que tenía, limpié y guardé el puñal. Dejé al viejo tirado en el piso como si fuera basura, como me dejaba a mí cada vez que se pasaba con el trago. Apagué las luces de la casa y me fui sin mirar atrás, sin tener ni una pizca de remordimiento.

Ignominia: caso número 2

Que se refresque con sus propias ideas, si es que puede. Ya son tres días; a la semana abro la puerta para ver el estado de ese desgraciado. Le doy el lujo de la elección, mi hermana no tuvo opción cuando él la privo de aire como intento de rescatarse de su estado etílico constante. Puede morir deshidratado, o de un disparo bien o mal colocado. Las opciones hacen a la vida, y yo siento que estoy siendo demasiado buena con él, que me lo agradezca desde el infierno.

Ignominia: Caso número 1

En una bolsa de basura negra en el medio de una calle poco transitada, así lo dejé, echado a la suerte de algún curioso que se encuentre con sus grotescas partes separadas, o de alguien que, por diversión o descuido, lo pase por arriba con el auto a una velocidad considerable. De la misma forma que dejó a mis gatos, lo que no se dio cuenta que el sinvida era él, porque la vida nos las dan las personas que nos rodean, y a él solo lo rodean las moscas.

Pormenores de ser invisible

Con mis cuatro patitas marrones me acerco a la cocina y me contengo las ganas de maullar, a veces se me escapa un «au» bien cortito sin querer y tengo que salir disparado para que no sospechen. Tengo hambre y están tardando mucho en hacer esos jugosos bifecitos a la plancha que tanto me gustan.

Al fin los humanos se sentaron a comer, aprovecho para saltar a la mesada y comer un pedazo de esa carne que huele tan bien. Antes que alguien vuelva a la cocina, y, se encuentre con un pedazo de bife suspendido en el aire que se hace cada vez más chiquito, salto y me voy al cuarto del señor de cara redonda y fofa. En cualquier momento, va venir a dormir la siesta. Espero que llegue hecho una bolita a los pies de la cama. Me gusta verlo dormir, puedo jugar con su bigote finito y curvo sin que se dé cuenta (más…)

Miedo a los globos

Nota del autor: Inspirado en las historias de Cortázar de su libro “Historias de Cronopios y de Famas”. No califica como cuento aunque yo lo categorice como tal, por comodidad. Si no leyeron ese libro, se los recomiendo, van a pasar un muy buen rato. 

Imagínese un globo, con su esférica y alargada forma, de color rojo, reposando en el piso. El globo se mueve sospechosamente aunque no haya una pizca de viento. Por más que no lo hayan inflado en exceso, esta potencial bomba sonora de aire, espera el momento adecuado para cometer suicidio. Las razones de este vil acto son aun desconocidas, hay rumores de una potencial conspiración. Aunque usted no lo esté mirando, él analiza minuciosamente sus actos sin importar su posición, tiene ojos en toda la superficie de su estirada piel. Trate de no distraerse y tener siempre en mente al globo (más…)