humor

Sin disimulo

El gato con saco esperaba impacientemente el tren de las dieciséis. Todavía no venía, y el gordo de la pescadería seguro ya se había dado cuenta que algo le faltaba. Su amada, que había conocido la noche anterior, lo esperaba en la próxima estación para tener un elegante picnic en el parque. Él se encargaba de la comida, y el pescado fresco que había tomado prestado, tenía un olorcito ¡riquísimo!

Parado en el andén, Ignacio el gato, miró para un lado y miró para el otro, hasta que por fin escuchó el fuerte ¡chuuu, chuuu! del tren. Escondió la bolsa con el pescado debajo de su saco de gabardina verde, se acomodó el sombrero, y se metió rápidamente en el ferrocarril.

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