Simulacro de satisfacción

Después de subir la foto del café gourmet que encontró en internet, y, recibir a cambio una lluvia de corazones virtuales que la hicieron sonreír por un instante, Flavia siguió trabajando en la planilla de Excel que la mantendría ocupada hasta el mediodía.

Su vida nada de glamour tenía, pero su identidad en línea era digna de celebridad de Hollywood. Satisfacía los estándares de una sociedad obsesionada con realidades alternas. Flavia pasaba los días ideando y creando fotos perfectas, pasajera de una vida que no le pertenecía. Había gastado todos sus ahorros en el último iPhone. Estaba alimentando un monstruo, y ella sabía lo que hacía: un intercambio entre placer inmediato, y un vacío que la gente tras la pantalla suponía llenar con admiración exaltada.

Era la hora del almuerzo, y Julia, su compañera de trabajo, había subido a Instagram una foto de una hamburguesa de lentejas, acompañada de batatitas salteadas con verduras, ¡consiguió pasar los doscientos «me gusta»! Flavia, furiosa porque se le había adelantado, se puso a buscar en Google un almuerzo mejor: uno más sano, de colores brillantes y hermosamente dispuesto. Pasó treinta minutos eligiendo la foto, y eso que estaba apurada. Tenía que parecer lo más real posible. Seleccionar luego entre tantas opciones de filtros y hashtags, no era para nada fácil.

Subió la foto de su mejor candidato: un sándwich con pan integral, tomates secos, aguacate y una salsa que no sabía qué era, todo adornado con mucho tacto. Mientras esperaba las notificaciones de sus seguidores, fue a calentar la milanesa con puré que le había sobrado la noche anterior en el microondas.

«¡Esa perra no me va ganar! ¡No me va ganar!», pensó Flavia frunciendo el ceño.

Volvió a su escritorio. No había llegado ni a los cien «me gusta» todavía.

Esperó. Se mordía la uña del pulgar derecho mientras miraba fijamente la pantalla del celular, tocándola cada tanto para que no se apague.

La milanesa se le estaba enfriando. Iba tener que volver a calentarla.

Colérica, Flavia decidió conectarse a un perfil falso que usaba para hablar mal de la gente que consideraba su enemiga: las personas que eran más populares, o acaso más reales; que ella.

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