Regreso de un suspiro

Querida mía,

Hoy hacen ya dos años de nuestro último beso. Una eternidad. La paz parece no llegar nunca.

Como todos los días, desperté imaginando una realidad distinta. Abrí los ojos y estabas al lado mío, durmiendo con tu sonrisa libre de culpa, y pude sentir la ternura de tus labios. El ruido de la sirena que no admite ensueños me hizo volver a tierra.

Estamos cada vez más cerca de tomar la frontera y tenemos un pronóstico favorable, pero en mi cabeza, la situación se entrelaza con lo incorpóreo. En pleno campo de batalla veo a mis compañeros desfigurados y enemigos que son en verdad civiles. Escucho disparos y explosiones provenientes de lugares equivocados. Están jugando conmigo, me hacen dudar de mi sanidad mental. Cometí errores horripilantes, cariño, no sé cómo podría encontrar el perdón después de semejantes atrocidades. Nadie sabe lo que me pasa, aunque la paranoia me hace sospechar de la forma en que me miran y hablan. No puedo permitir que se enteren. No puedo manchar mi reputación y todo el respeto ganado. Escribir sobre esto en sí ya es un peligro, pero es un riesgo que quiero tomar, que necesito tomar. El sentimiento patriótico que me implantaron, con el tiempo, fue granulándose en partículas tan pequeñas, que se las llevó el cúmulo de estertores que todavía escucho. Somos meros peones maltratados por la codicia de personas intocables.

¿Alguna vez terminará?

¿Y si no termina?

¿Y si lo que termina, es mi vida?

Me acuerdo de esa vez que hablamos sobre la distancia y del no necesitarnos, de no depender de un sentimiento y complementar nuestras fortalezas. Parecía funcionar, pero la verdad, hoy, es que te necesito. Necesito tu sabiduría. Necesito ese positivismo tuyo que contagia. Necesito tus caricias y sentir la suavidad de tu piel. Necesito tocar ese amor irracional tuyo que me transmite tu mirada.

Es una lucha interna que no puedo darme el lujo de perder, pero se me está escapando de las manos. No lo puedo controlar. Me están llamando, me tengo que ir, tengo que volver a ponerme ese disfraz que odio tanto, y aparentar cordura.

Espero tus palabras. Son lo único que me sostiene.

Te amo con el alma,

Roberto

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