Burbujas

Nota del autor: este es un cuento conceptual y lleno de simbolismo, lo escribí ya hace un buen tiempo. Un poco distinto a lo que escribo habitualmente, espero que les guste. 

Esa noche mi papá me dio una paliza tremenda, pero también me acuerdo de las burbujas. Sentí que él había llegado. Desde el silencio de la casa, en mi cuarto, me encontraba parado, esperando. El ambiente se fue humedeciendo, las paredes se volvieron acuosas y de pronto, estaba sumergido.

El mar era hermoso, ese verano que pasamos en familia, con peces de distintos tamaños, algunos diminutos como la punta del dedo índice, otros grandes como tablas de surf. Pasaban al lado mío como si fuera uno más, mientras yo no me moviera, ellos seguían en su enorme pecera carente de límites, buscando comida, cada uno en su propio asunto. Era como estar parado en una calle muy transitada. Este mundo tan distinto al nuestro, pero tan similar, donde se respira agua y no aire, me fascinaba. Peces de mirada inexpresiva, no parecían preocupados pero tampoco alegres. Siguiendo las reglas de la naturaleza y la cadena alimenticia, cada uno al acecho del otro. La inminente sensación de que alguien más fuerte te devorara, dentro de esa aparente paz, me aterraba, yo estaba preocupado y por momentos, los entendía.

Mi padre estaba en la cocina. Escuché un grito fuerte. No había encontrado su arsenal de botellas de vodka.

No entendía de donde venían las burbujas, si abajo del agua no hay aire, alguien o algo debía estar fabricándolas. Así como nosotros aprendimos a crear el fuego, capaz ellos lo habían hecho con el aire. Pero para qué, si ellos no respiran aire. Mi mamá me hacía señas, mostrándome tortugas que pasaban. Fascinantes criaturas que también podían sobrevivir fuera del agua. Eso solo podía significar que también algunos animales del agua podían respirar aire. ¡Interesante! Ella sonreía y también parecía un pez, moviéndose con gracia, impulsándose por sus extremidades. De pronto me sentí como una persona que hubiera irrumpido en una casa desconocida, solo para ver como vivían esos distintos seres. No como los peces, probablemente nosotros, llamaríamos a la policía si alguien extraño entrara en nuestro hogar, también seríamos capaz de hacerle daño, protegiéndonos.

Escuché que mi padre subía la escalera, con pasos firmes y bufando, como un toro enojado.

Capaz los peces no eran tan indiferentes después de todo. Capaz sentían miedo de nosotros. Eran muy buenos en disimularlo. Las burbujas venían del fondo, un fondo donde no me alcanzaba la vista. Era negro, pero de esa profundidad infinita, venían burbujas de distintos tamaños. Como si en el centro de la tierra hubiera una enorme fábrica. Una fábrica de aire que soltaba continuamente ese vital recurso para nosotros. Mi padre se había quedado en la superficie, en el bar, por supuesto tomando. Es curioso como bajo del agua uno de nuestros sentidos se pierde, y otros se disminuyen. Los peces que respiran eso que nos puede matar a nosotros, ¿Será que también pueden oler a través del agua, así como nosotros hacemos con el aire?

Mi padre llegó al segundo piso. «¡Javier! ¿Dónde pusiste el vodka? ¡Te voy a matar!», escuché como rugía.

Al tanque de oxígeno se le estaba acabando al aire, ya iba tener que salir, lamentaba que yo no pudiera ser como las tortugas, si tan solo pudiera respirar agua. Después de treinta minutos los peces ya se habían acostumbrado a mi presencia, algunos hasta se acercaban curiosos y me daban besitos en las manos, como diciéndome que aunque fuese un extraño, podíamos también llegar a ser amigos.

Sentí como mi padre golpeaba la puerta de mi dormitorio, pegaba con violencia, la iba tirar abajo en cualquier momento.

En un último intento de descubrir el origen de las burbujas, traté de nadar hacia el fondo. Quería encontrar la fuente del aire, que me permitiese prolongar un poco el tiempo acá, capaz de forma indefinida. Terminé agotado al cabo de unos pocos minutos. Tendría que regresar al mundo de los seres que solo respiran aire, a mi vida de siempre. De pronto un sentimiento de tristeza profunda, se apoderó de mí.

Mi padre logró romper la cerradura y pude verlo, cara a cara, pero también él era una burbuja y yo, salí a la superficie.

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