Soltate un poco

Había llegado el verano y para Brunecio era el tiempo ideal para buscar pareja. Brunecio afirmaba que el calor desgarrador del verano soltaba a las mujeres. Incitaba a beber una helada cerveza que recorriera con su burbujeante valor el cuerpo, o varias. El efecto narcótico que producía la cerveza según él, las ponía como locas y hacía su trabajo mucho más fácil. También era un elixir sin igual para Brunecio, ahogaba su timidez y lo convertía en el galán más experto de la ciudad. Se pasaba todo el año esperando esta maravillosa temporada.

Brunecio era un tipo del montón, ninguno de sus atributos físicos se destacaban del resto. No era ni lindo, ni feo. Medía uno setenta, de pelo negro y ojos oscuros con un cuerpo relativamente proporcional. Aunque nadie nunca se lo haya reclamado, el creía tener una frente muy grande, motivo por el cual siempre se dejaba un flequillito que en verdad lo empeoraba todo.

Llegaba del trabajo alrededor de las ocho. En verano el trafico parecía duplicarse, y tardaba más de lo que le gustaría en llegar a su departamento. Empezaban los preparativos, sea el día cual fuese, era noche de bar y levante. Se sacaba la camisa que no hacía más que cortarle la circulación, el pantalón que relacionaba directamente con trabajo, e iba directo a la ducha. Luego se ponía lo mismo de siempre, un jean azul marino gastado, una remera verde musgo cuello en v y unas botas negras. Según él, ese look lo hacía parecer más rudo, como militar en pleno ejercicio, decía que los hombres así, eran irresistibles para las mujeres.

El bar solo le quedaba a dos cuadras. Era un bar típico irlandés, como los que abundan en todas partes. Brunecio vivía en pleno centro de la ciudad por lo que ese bar en particular, era muy concurrido. Disponía de una barra larga de madera color caoba con sillas altas y mesas, nada más. Por lo menos la cerveza siempre estaba fría y la gente casi nunca era la misma. La música también era del agrado de Brunecio, pasaban rock clásico de los setentas y nada de música moderna. Le gustaba sentarse en una mesita rinconera donde podía ver con tal solo una mirada, todo el bar, todas las mujeres. Era un posición estratégica y fundamental para su éxito.

Brunecio ya estaba sentado en su mesita triangular de siempre. Eran las nueve y el bar ya empezaba a llenarse. Se levantó y acercó a la barra.
–¿Todo bien Lucas? –preguntó Brunecio sin recibir respuesta–. Una cerveza, lo mas fría, de la que sabes que me gustan.
El barman le sirvió una cerveza con elocuencia y siguió atendiendo al resto. Brunecio de un saque se la tomó entera y le pidió otra. Ésta se la llevó a la mesa. Había una chica muy formalmente vestida parada en la barra que le llamaba la atención. “Capaz sea muy arriesgado tan temprano, solo tomé una cerveza, pero de todas maneras lo voy a intentar.” pensó Brunecio. Se acerca despacio pidiendo disculpas a la gente que le da paso.
–Buenas señorita, es usted muy linda. –dijo sosteniendo el vaso vacío en una mano.
–Gracias. –dijo la chica mientras revisaba en el celular seguramente algún mail importante.
–Linda noche, ¿no? –dijo Brunecio apuntando torpemente al techo. La chica se dio vuelta dándole la espalda. Brunecio avergonzado volvió a su mesita esquinera. “Evidentemente mi lengua aun no se ha soltado tanto, tengo que tomar mas” pensó. Volvió a la barra y pidió otra cerveza. También se la tomó de un saque para que “le pegue más”. Pidió una más y volvió a la mesa. Ya la cerveza algo de efecto había causado en Brunecio, se empezaba a sentir más confiado de si mismo. Vio a una chica vestida de manera sencilla, de pelo negro, que estaba sin hablar con nadie en la barra. “Bueno esta vez debe ser mas fácil, esta sola y yo más en tono” pensó.
–Hola –dijo simplemente Brunecio acercándose al oído de la chica–. ¿Le apetece un trago?.
–Gracias –dijo la chica–. Tengo lleno el mío.
–Bueno el siguiente con mucho gusto le invito yo.
–Estoy esperando a alguien, pero gracias. Le digo al barman que el siguiente es a su cuenta.
–Sin lugar a dudas, se lo merece por ser tan bella –dijo Brunecio confiado.
Como la chica no pareció darle mas bolilla se alejo humildemente mientras veía que un chico se acercó a ella y la besaba apasionadamente en la boca. “Y bueno, debo seguir tomando” concluyó. Brunecio esta vez se pidió una jarra de cerveza y fue a la mesa, dispuesto a tomársela toda antes de volver a intentarlo.

Cuatro litros de cerveza se encontraban ya dentro del organismo de Brunecio, recorriendo sus arterias frenéticamente. Brunecio ya sentía como le bailaba la lengua dentro de la boca, preparadísima para soltar un chamuyo ganador. Sus músculos estaban distendidos y se sentía capaz de levantarse a la mujer mas hermosa y difícil del bar. Apuntó la mira a una mujer rubia de vestido floreado que bailaba meneando la cabeza y el cuerpo de lado a lado, al sonido de “Born to Run” de Bruce Springsteen. Para colmo era uno de los temas favoritos de Brunecio. Se levantó de un tirón de la silla haciéndola caer bruscamente con un ruido seco. Con la mirada fija en aquella chica, se fue acercando con los brazos en el aire y dando pequeños saltos, bailoteando con una supuesta sincronía, cantando sin saber la letra, moviendo la cadera con torpeza, tirando besos al aire, apuntando con el dedo índice a la mujer que iba ser suya. Sumamente bochornoso. Todo el bar se quedó mirando como Brunecio hacía su pequeña escena “ganadora”. La chica también lo miraba, con cara de espanto. Brunecio llegó hasta su destino y se plantó en frente, muy de cerca a la mujer. Estuvo a punto de decirle a Brunecio algo, cuando él con la mano en forma de pinza, le cerró la boca toscamente sujetando sus labios.
–No digas nada mi amor y vámonos, nacimos para estar juntos –dice Brunecio, luego abrió la boca revelando su lengua que se movía enloquecidamente para arriba y abajo.
Antes que se diera cuenta Brunecio recibió un golpe de puños tan fuerte en la boca que le hizo recordar en los días siguientes, y probablemente toda la vida, que quizás la cerveza no era al fin y al cabo la respuesta, la solución, la formula ganadora, para ganar el corazón de una mujer.

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